ALAN REINAUGURADO
En su primer discurso, con ocasión de la asunción del mando, en los primeros treinta minutos parecía más bien un señor maduro avaro que busca ahorrar centavos de donde sea. Lo cual está bien. Es necesaria la austeridad; pero de los noventa minutos del discurso, dedicarle treinta como que era mucho. Más parecía efecto político que otra cosa. Creo que bastaba con señalar que se va a ahorrar en distintos pliegos y dejar por decreto supremo las medidas necesarias para el ahorro. Un poco más y presentaba también un proyecto de ley por el cual en todas las dependencias públicas iba a haber foquitos ahorradores. Un poquitín exagerado.
Lo más interesante fue la reforma administrativa del Estado. Ojo, que la reforma y modernización del Estado es asunto más complejo y no sólo se limita al lado administrativo. Está muy bien continuar con la simplificación administrativa, implementar las compras estatales electrónicas, la reducción de sueldos de los funcionarios públicos, fijar la unidad de remuneración del sector público, etc.
Pero, la reforma administrativa del Estado es el primer paso de otros más que deben llevar a un Estado moderno, eficiente, descentralizado y con personal altamente capacitado. Por ejemplo, faltó trazar los lineamientos generales de la descentralización, en especial de las regiones. No basta con decir que les va a dar todo el poder, sino de medidas más concretas. No basta con decir que el SNIP (sistema nacional de inversión pública) iba a pasar a las regiones, sino cómo se va a encaminar ese proceso que quedó medio trunco con el fracaso del referéndum del año 2004. Algo tenemos que hacer para que no quede allí el proceso (con burócratas provincianos que se “comen” el presupuesto regional) y sea una auténtica regionalización que a la larga permita que, en lo político, seamos una república federal.
Estuvo bien en lo del proyecto Sierra Exportadora, pero cuidado, que resucitar el Banco Agrario no es la única medida efectiva. No vaya a ser que se regalen créditos y al final resulten irrecuperables.
Estuvo bien igualmente lo de la zona franca en Puno. De entrar el TLC en vigor el año 2007, atraerá a muchos inversionistas del altiplano que se sentirán interesados en invertir acá si Evo no sabe retenerlos en su país de origen.
Igualmente, el estado de bienestar es importante. Ampliar la cobertura de salud a la mayor cantidad de población es algo necesarísimo. Pero podría colapsar el sistema si no se amplía la infraestructura hospitalaria. Podría suceder lo que pasó con el seguro social. No basta con ampliar la cobertura, sino de mejorar la infraestructura.
Y cuidado también con las exoneraciones, que pueden ser mal aprovechadas. Como la que anunció de deducir como crédito fiscal de las empresas los pasajes aéreos que compren en los fines de semana largo.
Del mismo modo, está bien la libre desafiliación de las AFP, ya que el usuario del sistema privado tiene el derecho de regresar al sistema público si su pensión en el primero no está en las expectativas que supuso. Lamentablemente, cuando fue la afiliación de la primera hora, no se dijo a las personas mayores de cuarenta que su pensión en el sistema privado iba a ser igual o incluso menor que en el público. Así que en buena hora se permite la libre desafiliación.
Sobre las regalías mineras estuvo bien que sea en un diálogo con las empresas mineras que se renegocie ese punto. Debemos tener en cuenta que son contratos-ley, por lo que todo lo pactado, incluyendo regalías, para que surta efectos debe tener el acuerdo de la otra parte. De imponerse unilateralmente, como quería el candidato perdedor Humala, el remedio habría sido peor que la enfermedad. Las empresas mineras habrían ido a arbitraje internacional (pactado en los contratos-ley) y el Estado peruano (es decir todos nosotros) habríamos sido pasibles de pagar una fuerte indemnización por daños y perjuicios a las empresas afectadas, aparte que las inversiones futuras se habrían retraído por desconocer el Estado un contrato. No existe otro camino que la renegociación.
Felizmente no hizo mención a la reforma de
Discurso inaugural de luces y sombras. Más me pareció que hubo fuegos artificiales que sustancia propiamente. Y sobretodo debió haber menos yoismo (el hombre no puede con su genio) y más efectividad.
De todas maneras se agradece que su discurso haya durado sólo noventa minutos y no las tres horas que duraba en su primer mandato. Alan debe recordar a los sajones. Hablan poco y hacen más.
Eduardo Jiménez J.

