Un paro esencialmente es
una protesta. Es el ejercicio de un derecho político (el derecho a la
disconformidad o a disentir canalizado a través de la protesta),
incluyendo un petitorio con una serie de demandas y promovido u
organizado por una o varias organizaciones sean de tipo gremial,
ambiental, de defensa de derechos, políticas o una combinación de dos o
más de ellas (un “frente”). En otras palabras, es la sociedad civil
organizada la que protesta a través de un paro. Un paro difícilmente
cambia la correlación de fuerzas en el escenario político o las
políticas de gobierno, salvo que sea un paro absolutamente contundente
como lo fue el “histórico” del 19 de Julio de 1977 que posibilitó
–junto a otros factores- la retirada ordenada del gobierno militar de
ese entonces. Fue el único caso de paro exitoso en la historia moderna,
donde se consigue remover los cimientos de un gobierno. En los noventa
los paros casi no se sintieron debido a la desmembración del tejido
social, no como se especula por “culpa” de la política neoliberal del
gobierno de Fujimori, sino por qué las organizaciones sociales estaban
severamente golpeadas luego de la grave crisis de los años ochenta y a
la falta de representatividad de las mismas en el nuevo Perú que se
estaba gestando en aquellos años. De allí que el gobierno de Fujimori
no encontrara demasiada resistencia de las organizaciones sociales a
fin de ejecutar el programa económico neoliberal, apenas dándoles el
tiro de gracia.
En la presente década y restablecida la democracia han buscado reorganizarse y los gremios como la CGTP
han querido dar de nuevo la batalla. El 2004 contra el gobierno de
Toledo y el 2008, cuatro años después, contra el de Alan García. Pero,
el panorama social es muy distinto al de los años 70 y 80. La mayoría
de los trabajadores no están agremiados como antaño. En gran parte son
informales, sub-empleados, independientes o no sindicalizados, como lo
prueban los innumerables vendedores ambulantes que más interesados que
en la plataforma del paro estaban en vender sus productos justamente a
los “paristas”… y a los policías que los custodiaban (como anécdota
personal recuerdo que en el paro del 19 de Julio de 1977 los policías
más bien nos perseguían con bombas lacrimógenas y el rochabús que
preocupados en custodiarnos). Asimismo, la “estrategia” del paro como
manifestación de protesta no es tan efectiva como antaño. Si se quiere
llegar al resto de la población extragremial, un paro no llama tanto la
atención, incluso causa molestias a los ciudadanos que realizan sus
labores cotidianas; más efectivos resultan otros mecanismos. El mismo
día del paro pasó por la avenida Arequipa un ciclista con un cartel
enorme donde se leía “La vida está cara” culminado con dos banderitas
bicolor. Estoy seguro que eso ha llamado más la atención del público
“no parista” que las marchas programadas el miércoles 9 por los
organizadores del movimiento de protesta. El mundo ha cambiado en 30
años y las estrategias para llegar al ciudadano del siglo XXI también.
Por
otro lado, dudo, como algunos sostienen, que el gran ganador de la
jornada sea Ollanta Humala. Si bien la oposición social y política
–sobretodo de izquierda- necesita cohesionarse detrás de un líder (y de
un programa serio y realista), este no parece ser Humala. Por más que
lo desee difícilmente con su discurso ambiguo y poco articulado podrá
llegar al poder. Ahora, por ejemplo, habla de una “economía nacional de
mercado” (?), a fin de ganarse a los sectores medios y altos y que
estamos seguros ni él sabe a que se refiere. De presentarse a las
elecciones del 2011 es muy posible que obtenga menos votos que en el ya
remoto 2006. A la oposición de izquierda le hace falta un líder y urgente.
Este será también un primer paro de muchos más que probablemente vengan a futuro y con
mayor razón conforme se acerque el 2011. Si uno revisa la “plataforma”
del paro tiene un programa variopinto, desde protestar contra “el
programa económico neoliberal” y el costo de vida, pasando por el
retiro de las bases norteamericanas y las promesas incumplidas del
presidente hasta los reclamos locales y regionales bastante concretos o
contra autoridades específicas (la quema del local del gobierno
regional de Madre de Dios es sintomático de estos problemas caseros).
La plataforma fue multivariada y multicolorida. Como dijeron Los
chistosos en su programa radial se podía incluir también que Burga
salga de la Federación
de Fútbol. Es cierto que las promesas incumplidas de Alan García dan
sustento a la protesta, del programa socialdemócrata moderno planteado
en la candidatura, pasó a un programa
conservador continuista en la presidencia. El giro a la derecha fue
decisivo para la pérdida de aprobación (conservada en alrededor de
30%), aunque los motivos para tal cambio son tanto políticos como
sicológicos (en un anterior artículo ya lo desarrollamos). Asimismo, el
incremento del costo de vida es un caballito de batalla efectivo,
aprovechable políticamente, y que va a ser “plataforma de lucha” de
futuros paros. Los alimentos y el petróleo van a continuar subiendo en
los próximos años y si bien existen factores internos y externos que se
están conjugando, achacar exclusivamente la culpa al gobierno de turno
es un recurso efectivo de cualquier oposición: afecta los bolsillos del
votante y generalmente este hecha la culpa al gobierno de cómo su
dinero va perdiendo el poder adquisitivo.
Por
parte del gobierno, llama la atención la reacción desmesurada contra el
paro. Cualquiera pensaría que estamos sitiados por una turba de
agresores contra la estabilidad institucional y la democracia, hasta
trasmitieron inopinadamente un spot televisivo contra el paro con la
imagen y voz de Vladimiro Montesinos (conocido como el “vladispot”). La
pregunta es: se trata de nerviosismo o de cálculo político del
gobierno. Perdieron los papeles o fue una jugada de ajedrez a futuro.
Creo que más es lo segundo. Se ha tratado mas bien de crear un “cuco”
de cara al futuro que sirva de contención a las posibles
manifestaciones de protesta social que vengan después, de cara al 2011,
y de chivo expiatorio (o de “perro del hortelano”) a fin de tener la
coartada que permita no quedar huérfano de votos de acá a tres años
cuando la situación de la inflación y pérdida del poder adquisitivo de
la moneda se pueda trasformar en inmanejable de no tomarse las medidas
adecuadas (lo que ha venido en llamarse “el karma de García” o “la
maldición de García”). En un partido tan experimentado como el APRA y
con un presidente que no es novato en cuanto a enfrentar paros se
refiere, es muy difícil que pierdan los papeles tan fácil como
supuestamente se creyó; más bien se están cuidando las espaldas, con un
mensaje como “si votan por ellos ya saben lo que les espera”; y,
siempre es útil tener un chivo (o perro) expiatorio a la mano a quien
echar la culpa si las cosas van mal y aparecer como la alternativa
seria y responsable cuando el votante independiente esté solo en la
cámara secreta.
Al
final de la jornada, ¿cómo quedaron los resultados del paro? Para todo
gobierno los paros promovidos son un fracaso, para los organizadores,
en cambio, serán un éxito. Como siempre, la verdad está en el justo
medio. El paro se ha “sentido” más en provincias que en la capital,
sobretodo en la zona sur y el oriente, donde el gobierno tiene menos
favoritismo en la aprobación de los ciudadanos. Ello hace pensar que el
paro del 9 de julio sea probablemente el inicio de una serie de
“pulseadas” de los movimientos sociales y políticos de oposición contra
el gobierno, pero sin el impacto de otras épocas, buscando apenas
reagrupar fuerzas y capitalizar en votos al 2011 la insatisfacción
popular creciente por el alza del costo de vida, luego de la larga
languidez presencial en el escenario oficial de los noventa
(insistimos: los alimentos y el petróleo van a continuar subiendo en
los próximos años y ello ocasionará mayor malestar social aprovechable
políticamente por la oposición de cualquier matiz).
Hay
una lógica de acumulación de fuerzas en los paros: mientras la base
social de los gremios organizadores sea escasa, pequeña, como es ahora,
difícilmente conseguirán sus objetivos, salvo que trasciendan sus
propias bases, lo cual con la vieja estrategia que usan difícilmente lo
conseguirán. Por eso, el éxodo que les tocó
vivir en los noventa, y a la izquierda en general, luego de tocar tan
cerca el cielo, todavía no ha llegado a su fin.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es