CUANDO LA PACIENCIA SE AGOTA: LAS MANIFESTACIONES EN EL CHILE SOCIALISTA
UNA MIRADA AL MUNDO Retroenlaces (0) comentarios (1)A Michelle Bachelet le ha tocado lidiar con el pasivo de la concertación luego de más de quince años de tranquilidad y paz en Chile. Aparentemente estábamos ya ante el modelo redistributivo más exitoso de la región, hasta que asomó primero las protestas de los escolares, luego las que vinieron por el Trasantiago que no funcionaba bien, y ahora una protesta de varias centrales y federaciones sindicales, entre ellas la todopoderosa CUT (suerte de CGTP mapocha).
La protesta obedece a la distribución de la riqueza. Desde que en Chile se cimentó el modelo de economía de mercado, las desigualdades entre ricos y pobres comenzaron a ser cada vez mayores, lo que ha traído como consecuencia la insatisfacción natural de los de abajo. Cuando el modelo trae desigualdades, como es el aplicado en Chile, el Estado debe encargarse de corregirlas, y eso solo se logra vía tributos (aplicando más impuestos al que más gana) y distribuyendo ese dinero en sectores claves como educación, salud y fomentando el empleo. Y, si bien la salud y la educación se encuentran en mejor posición que las nuestras, sin embargo el campanazo de las protestas últimas se traduce en que es necesario mayor profundización de las políticas redistributivas, mejor calidad de vida y mejores sueldos para los trabajadores.
No hay fórmula mágica. Dentro del esquema económico actual (que el Perú también lo sigue) la distribución le compete al Estado, el mercado por su propia naturaleza no es distribuidor, así que el primero debe tener una política más agresiva para llegar a los que menos tienen.
Ojalá que las protestas contra el gobierno de la concertación no sea el fin de esta. Resultaría una paradoja que el siguiente gobierno fuese de derecha y que las fuerzas organizadas del trabajo hayan contribuido a su final. Sería una ironía de la historia. Por el momento, parece que las protestas solo buscan llamar la atención para una mejor y más amplia redistribución. El gobierno socialista chileno deberá satisfacer las demandas, caso contrario podría estar cavando su propio final, y si fracasa, no sería el fracaso en un solo país, sino en el hemisferio, en esa lucha (no declarada expresamente) con las fuerzas de la reacción que encarna Hugo Chávez y sus seguidores. Sería darles la excusa de que el “modelo” de ellos “sí funciona” y que “el socialismo del siglo XXI” es la panacea de todos los males y no lo que es en verdad: una versión pasada de nacionalismo indigesto y trasnochado, con toques de “socialismo cubano”. Ese es el reto que tiene la concertación chilena y de todos aquellos que no creemos ni en la dictadura chavista ni en la dictadura del mercado.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
28 Septiembre 2007, 12:53
Un caos en orden
Se da una mezcla de verdadera protesta política y descontento social en general
Pablo Halpern
Chile es, por antonomasia, la historia del éxito en América Latina.
Desde que el Ejército dejó La Moneda en 1990, ha disfrutado de un gobierno democrático estable, una economía floreciente, bajos índices de desempleo y, tarde o temprano, sus problemas vecinales han ido resolviéndose.
¿Y entonces a qué se deben las protestas?
"Chile es un país muy próspero si se ven las cifras de la economía. Pero la vida para el pueblo es muy dura", dice uno de los manifestantes.
Chile ha visto su economía crecer año tras año en cerca del 5,5%. Relucientes edificios vanguardistas emergen por aquí y por allá en la capital, Santiago, y las calles están llenas de flamantes coches último modelo.
"Puntuales"
Muchos no participan de esa "historia del éxito" que se pone como ejemplo en las conferencias.
Pablo Halpern, un exitoso -y próspero- abogado se me une luego de un día de esquí en las montañas.
Él cree que las protestas no reflejan en forma precisa la situación de Chile.
"Aunque las imágenes son en muchos casos violentas, y las manifestaciones dañan las calles y las vidrieras de los comercios -y ese tipo de cosas parecen muy violentas- transcurren en un período corto y en áreas reducidas: el centro, cerca del Palacio Presidencial", explica.
"Comienzan a determinada hora y a las doce en punto de ese mismo día ya acabaron. Es en realidad un ejercicio en el que se da una mezcla de verdadera protesta política y descontento social en general", afirma.
Descontento generalizado
La distribución de la riqueza en Chile es una de las peores en la región. Sandro Imacache es una de esas personas que sienten que no se llevan una buena tajada de la expansión económica.
Para el analista Carlos Fuentes, la brecha entre ricos y pobres es muy amplia.
"En estos momentos el salario mínimo es muy bajo", dice parado detrás de la mesa de la recepción de un moderno edificio de apartamentos en la lujosa comuna de Las Condes, donde trabaja como conserje.
Esa cifra corresponde a US$208 mensuales, aunque el 15% de la fuerza laboral chilena gana menos, de acuerdo a la última Encuesta de Composición Socioeconómica Nacional.
"Con eso debo mantener a la familia y pagar el sistema de transporte inservible que tenemos. La vida aquí en Chile es muy cara: todo sube y nada baja", asegura.
"El sistema de transporte es una porquería y es muy caro. Me lleva una hora y media llegar al trabajo -con tres cambios-, y sin contar las colas", dice.
Y agrega: "Los supermercados, los hospitales, todo sube. Antes pagábamos entre 30 y 40 pesos por una cebolla, y ahora salen entre 150 y 160... sólo una".
Brechas
Sandro "ve" la riqueza, pero no la alcanza. No puede permitirse el lujo de participar en las manifestaciones, pero forma parte de esa ola de descontento que crece en Chile entre quienes perciben que los han dejado atrás.
Imacache sostiene que el salario mínimo es demasiado bajo para el costo de vida en Chile.
El analista político Carlos Fuentes cree que el gobierno no está encarando con suficiente celeridad el problema.
"Chile es uno de los tres países con mayor desigualdad en América Latina", señala.
"Creo que el problema ha estado ahí esperando que lo resuelvan durante mucho tiempo, y que la brecha entre ricos y pobres es demasiado amplia, y eso se puede ver en Santiago incluso: si viaja al norte y al sur de Santiago ve las diferencias", dice Fuentes.
"Puede notar que esas frustraciones de la gente han sido encauzadas en las últimas manifestaciones -los estudiantes, por ejemplo, que no pueden entrar a la universidad porque la calidad de la enseñanza no es buena", indica.
Frustración
A pesar de ello, Chile es uno de los países más prósperos y estables de América Latina.
Pero mientras la mayoría de los chilenos están conformes con la manera en que se están dando las cosas, también hay una ola creciente de inconformidad y frustración por la riqueza que no se comparte.
Y a menos que el problema se solucione -y más vale que cuanto antes-, las marchas crecerán, en participantes e intensidad.