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EL OTOÑO DEL PATRIARCA: CUBA DESPUÉS DE FIDEL

Posted by elobservador on 02 Agosto, 2006 18:18


La revolución cubana fue quizás el hecho más importante en Latinoamérica de la segunda mitad del siglo XX, así como lo fue la Revolución Mexicana en la mitad anterior.
Toda una generación de jóvenes se formó bajo el ideal de que era posible una revolución socialista y una sociedad más justa en esta parte del mundo. Intelectuales reconocidos como Mario Vargas Llosa apoyaron la revolución en un primer momento. Javier Heraud se inmoló por su causa en la selva peruana. Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara se convirtieron en iconos de la revolución y símbolos de una resistencia antinorteamericana en todo el continente. El grito “Patria o muerte” resonó más fuerte que nunca en la América morena.

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Con el correr del tiempo y filtrándose al exterior las violaciones sistemáticas que el régimen perpetraba contra los derechos humanos de los cubanos hizo que el apoyo incondicional de un primer momento se entibiara y hasta se volviera adverso, a tal punto que hablar bien o mal de Cuba producía polarizaciones y epítetos de todo calibre entre los bandos en disputa. Los que han defendido a Cuba generalmente han sido sinceros defensores, que creían románticamente en el proceso y buscaban argumentos a veces hasta descabellados con tal de abogar a su favor; pero junto a estos románticos idealistas también han actuado los oportunistas de siempre, políticos e intelectuales que les era más “rentable” y tenía más “caché” considerarse de izquierda que meramente un demócrata (palabra despectiva en la jerga comunista), sobretodo los que pomposamente se autodenominaban “intelectuales de izquierda” y “líderes de las masas” (sic).

La verdad que los defensores del régimen cubano nunca se caracterizaron por la tolerancia y el consenso, sino todo lo contrario. Signo que parte de esa generación que apoyó a Cuba en los sesenta se quedó congelada en la imagen idealizada y romántica de la revolución y no quería ver lo que realmente sucedía.
Para nadie es un secreto que fue gracias al apoyo estratégico que le brindó la ex-Unión Soviética que se produjo el “milagro cubano” de desarrollo en la educación y salud, y que extinguida la ex URSS, Cuba tuvo que sobrevivir gracias al turismo, al dinero que los cubanos de Miami envían a sus familiares de la isla y a la prostitución masculina y femenina ejercida por jóvenes cubanos (incluyendo escolares menores de edad) para ayudar al presupuesto familiar. Es una ironía de la historia que uno de los males por el cual se combatió al régimen de Batista (algunos recordarán la célebre frase “Cuba era un burdel”) terminaría siendo parte de la vida cotidiana de los cubanos bajo la revolución. Y en otra de esas paradojas de la historia, como recordándole a Fidel el poder del dólar, el “billete verde” comenzó a desplazar a la moneda oficial, el peso, consiguiéndose en el mercado negro lo que sea en dólares, pero en pesos apenas lo que la cartilla de racionamiento dice.
Cuba comenzó a vivir de su turismo (que produjo el boom de las “jineteras” en la isla), a duras penas para subsistir, lo que trajo a su vez que una casta de funcionarios del Estado se enriquecieran con los contratos de inversión en infraestructura turística celebrados por el gobierno con empresas principalmente europeas, y que la medicina altamente especializada se ofertara en paquetes para extranjeros que pueden pagar en dólares una operación a la vista o al corazón mucho más barata en Cuba que en Europa o Estados Unidos.

Los cubanos de Miami y la administración norteamericana tuvieron la esperanza que el régimen no iba a sobrevivir hasta que le llegó a Fidel la mano providencial de Hugo Chávez. Gracias a los petrodólares consiguió un gran alivio a su situación, lo que le permitió sobrevivir hasta ahora, convirtiéndose en el dictador más longevo de la historia.
Parecía que era eterno, que nunca iba a morir, hasta que la noticia de su grave estado de salud ha sacudido a todo el mundo.

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Todo parece indicar que Castro ha querido hacer una transición estable, delegando el poder a su hermano, lo que permitiría un continuismo del régimen si se produce su muerte, naturalmente sin el carisma ni la ascendencia de Fidel, lo que produciría una transición al estilo chino o vietnamita, con una apertura en lo económico y un régimen de partido único en lo político (“socialismo de mercado”), regentado por una oscura burocracia más que por un líder carismático. Es el escenario más previsible de suceder la desaparición de Fidel o su incapacidad para seguir gobernando. Para ello, Cuba deberá tener estabilidad política –cosa que parece la tiene-, estabilidad social parece que también y, la económica, el “balón de oxígeno” se lo da Chávez. Así que todo parece indicar que se va hacia eso, salvo que se produzca una revolución social desde abajo o un “golpe de estado” al interior del régimen, hechos poco probables.

El otro escenario sería que muerto el caudillo, el régimen que creó en torno a él se desplome vertiginosamente. Eso pasa cuando el caudillo no deja un sucesor “fuerte” o las condiciones políticas y económicas son bastante precarias, que es lo que sucedió en la ex URSS en 1989. Ese escenario me parece no es el cubano actualmente. Ninguno de esos supuestos se da.

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No comparto tampoco los signos eufóricos de alegría por la probable muerte de Fidel promovida por los cubanos radicados en Miami (que “solidariamente” muchos peruanos de allá los acompañaron), más parecía síntomas de una hordalía tribal y no de personas civilizadas, ya que por humanismo nadie se puede alegrar de la muerte de nadie por más dictador que haya sido; aunque sí comprendo su euforia. La revolución cubana, como cuarenta años atrás sucedió con la revolución rusa, dividió a las familias, produjo exilios y muchos tienen muertos que recordar producto de los fusilamientos de los primeros años o presos “de conciencia” en las cárceles cubanas. Hay muchas cosas que se van a saber cuando Cuba realmente se abra al mundo y que dejarán mudos a los hoy ingenuos, que de corazón, todavía defienden la revolución con uñas y dientes (de los oportunistas políticos que se aprovecharon de Fidel y la revolución no diga nada, lo más probable es que sin siquiera ruborizarse se pasen al bando “democrático y Occidental” que tanto abjuraron y denostaron cuando eran fieles a Castro).

Lo que venga después, si cae el régimen estrepitosamente, no será mejor para los cubanos. Más o menos podemos saber lo que sucedería por lo que ya pasó en la experiencia rusa: caída del régimen, algunos dirigentes comunistas se reconvertirán en “demócratas”, una economía salvaje de mercado asolaría a la isla donde los más pillos se apoderarán de las escasas riquezas, un empobrecimiento masivo de la población (más de lo que están) y encumbramiento de los “nuevos millonarios” producto de la corrupción y del reacomodo político. Quizás retroceda la isla a la situación anterior a la revolución, eso sí, con elecciones y con mucha democracia y libertad, pero la gente muriéndose de hambre.

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 ¿El fin del socialismo? Creo que sí, por lo menos el socialismo tal como lo conocimos en su versión autoritaria y totalitaria, degeneración del marxismo (difícilmente el viejo Marx se hubiera imaginado un “socialismo tropical” como el cubano). Las utopías suelen terminar en pesadillas, por más bellas que hayan sido en sus inicios. Eso no significa el fin de la historia, ni nada parecido. La humanidad conocerá otras formas de sistemas sociales, total, todo es ensayo y error en el ser humano, para bien o para mal, pero eso nosotros, quizás, ya no lo veremos.

Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es


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